domingo, 17 de dezembro de 2017

Beata Julia Nemesia Valle, 18 de diciembre

Se entregó de tal modo que fue denominada el ángel de Tortona

La beata Nemesia Valle (Ilustración Vincentian Encyclopedia)
La Beata Nemesia Valle (Ilustración Vincentian Encyclopedia)
«La difícil situación familiar, que llenó años de su infancia, fortaleció a esta integrante de las Hijas de la Caridad que se caracterizó por su edificante caridad. Se entregó de tal modo que fue denominada el ángel de Tortona»
Hoy, festividad de Nuestra Señora de la Esperanza, la Iglesia celebra la vida de esta beata que derrochó caridad y generosidad en su entorno. Además, en el convento experimentó el gozo que acompaña a los seguidores de Cristo, gozo que su propio hogar le había hurtado por diversas circunstancias.
Natural de Aosta, Italia, nació el 26 de junio de 1847, después de que hubieran fallecido prematuramente dos hermanos anteriores. El trabajo de sus padres, comerciantes y propietarios de un negocio de costura, le permitieron disfrutar de una vida holgada y sin sobresaltos en la que puso nueva nota de singular alegría el nacimiento de su hermano Vicente. Su madre fue inculcándole valores esenciales, como la generosidad. Pero cuando Julia tenía 5 años, hallándose afincada toda la familia en Besançon, ella falleció y la situación dio un giro radical. Para empezar, su padre envió a los dos hijos a casa de unos parientes suyos que residían en Aosta. Otros familiares maternos establecidos en Donnas reemplazaron a éstos en la delicada tarea educativa, un vaivén que no fue gravoso para los pequeños a los que no faltó nada. En Donnas, además de cursar estudios en la escuela, recibieron formación en las verdades de la fe que les proporcionaba en su propia casa un sacerdote, amigo de sus allegados.
A los 11 años Julia se trasladó a Besançon, a un pensionado francés que regían las Hermanas de la Caridad fundadas por santa Juana Antida Thouret. Aunque podía haberse acostumbrado a las separaciones familiares, no era el caso, y nuevamente sufrió con ésta. La falta del calor que hubiera podido tener junto a su padre y hermano, la hallaba en Jesús: «el Señor que tiene a su lado a su mamá». Bien formada intelectual y humanamente, y dando muestras de gran delicadeza y bondad, cinco años más tarde, cuando tenía 16 años, regresó junto a su padre. Y se encontró con un escenario completamente distinto al que dejó al partir siendo una niña. Su progenitor había contraído nuevo matrimonio, y residía en Pont Saint Martín. Los problemas convivenciales enturbiaban de tal forma el trato comunitario que, al final, su hermano Vicente se fue de casa, y su pista se perdió para siempre. Por fortuna, las Hermanas de la Caridad abrieron casa en la localidad, y Julia poco a poco fue conociendo más de cerca su forma de vida, con lo cual, cuando su padre le mencionó la posibilidad de contraer matrimonio, ya había decidido ser religiosa.
El 8 de septiembre de 1866 inició el noviciado en Vercelli, en el convento de Santa Margarita. Su padre no se opuso y la acompañó ese día; una vez más, la separación fue dolorosa para ella. Pero la serenidad que halló en el monasterio inundó su acontecer de alegría y le reportó la paz que no había conseguido antes. Decidida a luchar para alcanzar la perfección, suplicaba: «Jesús despójame de mí misma y, revísteme de Vos. Jesús por ti vivo, por ti muero…». Al profesar tomó el nombre de Nemesia en honor a una santa mártir, con el anhelo de entregar su vida a Cristo siéndole fiel hasta el final. Fue destinada a Tortona. Y allí impartió clases de lengua francesa a escolares de primaria y a otros alumnos de cursos superiores.
Pronto destacó por su bondad y generosidad no solo en su cercano entorno religioso y académico sino en todos los demás. Entre otros, asistió cuanto le fue posible a Luigi Orione, el fundador de los Hijos de la Divina Providencia y acogió en varias ocasiones a la beata Teresa Grillo Michel, fundadora de las Hermanas de la Divina Providencia en Alessandria. Así abrió vías de colaboración apostólica con ellos, compartiendo el mismo ideal de amor cristiano. Los que habían constatado su capacidad para suavizar las aristas del sufrimiento y las carencias: pobres, huérfanos, familias, soldados e incluso los sacerdotes del seminario, se sentían tratados por Julia de una forma singular, reclamaban su presencia y agradecían su atención. Da idea de esta convicción común el comentario popular: «¡Oh, qué corazón el de la hermana Nemesia!». Por su caridad fue denominada «ángel de Tortona». 
A los 40 años de edad fue nombrada superiora, misión que ejerció con el espíritu de servicio, humildad y generosidad que le caracterizaba. Decía: «Enfrentar el paso, sin volver atrás, fijando una única meta: ¡Sólo Dios! […] A Él la gloria, a los otros la alegría, a mí el precio a pagar, sufrir mas jamás hacer sufrir. Seré severa conmigo misma y toda caridad con las hermanas: el amor que se dona es la única cosa que permanece». Fue bondadosa y comprensiva, paciente y sutil. Supo consolar y acompañar a cada una de sus hermanas dando el consejo certero que convenía a su psicología. A todas alentó a vivir la virtud. Sabía que «la santidad no consiste en hacer muchas cosas o en hacer grandes cosas, sino en hacer lo que Dios nos pide hacer, y hacerlo con paciencia, amor y sobre todo en la fidelidad como es nuestro deber, fruto de un gran amor».
En 1903 abandonó Tortona, donde llevaba treinta y seis años, y partió a Borgari. Dejó una nota a las novicias: «Me voy contenta, las confío a la Virgen […]. Las seguiré en cada momento del día». En Borgari, su forma de trato, tan estimado por sus novicias, no era compartido por la superiora provincial, mujer inclinada a la rigidez y a la exigencia desmedida. Pero la beata acogió en silencio y sonriendo las reprimendas y humillaciones que sufrió. Permaneció allí trece años. Alrededor de 500 religiosas fueron formadas por ella. Murió el 18 de diciembre de 1916 de una pulmonía. Juan Pablo II la beatificó el 25 de abril de 2004.
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Ángelus: tres actitudes para prepararse para la Navidad

Alegría, oración, gratitud

Ángelus del 17/12/2017, Captura Vatican Media
Ángelus Del 17/12/2017, Captura Vatican Media
(ZENIT – 17 dic. 2017).- Alegría, oración, gratitud, estas son las tres actitudes que el Papa Francisco ha recomendado preparar para la Navidad, durante el Ángelus del tercer domingo de Adviento, este 17 de diciembre de 2017.
Al presentar la oración mariana desde su ventana del palacio apostólico que da a la Plaza San Pedro, en presencia de unas 25.000 personas, el Papa ha subrayado que “la alegría del cristiano no se puede comprar, no se puede comprar: viene de la fe y del encuentro con Jesucristo, la razón de nuestra felicidad”.
“Cuanto más enraizados estamos en Cristo, más encontramos la serenidad interior, incluso en medio de contradicciones diarias”, ha afirmado: el cristiano “no puede ser un profeta de la miseria, sino un testigo y un heraldo de la alegría”… Una alegría para compartir con los demás; una alegría contagiosa que hace que el camino de la vida sea menos doloroso.
Esta es nuestra traducción de las palabras pronunciadas por el Papa antes del Ángelus.
Palabras del Papa Francisco antes del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!.
En estos últimos domingos, la liturgia ha subrayado lo que significa ponerse en una actitud de vigilancia y lo que significa concretamente preparar el camino del Señor. En este tercer domingo de Adviento, llamado “Domingo de la alegría” (Gaudete), la liturgia nos invita a captar el espíritu con el que todo esto sucede es decir, precisamente, la alegría, San Pablo nos invita a preparar la alegría del Señor asumiendo tres actitudes. Escucha bien, tres actitudes, la primera, la alegría constante; segunda, la oración perseverante; y la tercera la acción de gracias continua. Alegría constante, oración perseverante y acción de gracias continua.
La primera actitud es la alegría constante. “estad siempre alegres” (I Ti. 5, 16), dice San Pablo, es decir, permanecer siempre en la alegría aún cuando las cosas no vayan de acuerdo con nuestros deseos; pero hay esa alegría profunda de la paz, también es alegría que está dentro. Y la paz es una alegría a “nivel del suelo”, pero es una alegría. Las angustias, las dificultades y los sufrimientos, atraviesan la vida de cada uno; y a menudo, la realidad que nos rodea parece ser inhóspita y árida, como el desierto en el que resonaba la voz de Juan el Bautista, como nos recuerda el Evangelio de hoy (cf. Jn 1, 23). Pero precisamente, las palabras del Bautista revelan que nuestra alegría se basa en la certeza de que este desierto está habitado: “En medio de vosotros está uno que no conocéis” (v. 26). Se trata de Jesús, el enviado del Padre que viene, como dice Isaías “a anunciar la buena nueva a los humildes, a curar las heridas de los corazones quebrantados, a proclamar la libertad a los cautivos, para promulgar el año de gracia del Señor. “(61, 1-2). Estas palabras, que Jesús dirigirá a los suyos en la sinagoga de Nazaret, aclara que su misión en el mundo consiste en la liberación del pecado y de la esclavitud personal y social que produce, Él ha venido sobre la tierra para volver a dar a los hombres la libertad de los hijos de Dios, que solo él puede dar, dar la alegría.
La alegría que caracteriza la espera del Mesías, se basa en la oración perseverante: esta es la segunda actitud. San Pablo dice. “Orad sin cesar” a través de la oración podemos entrar en una relación estable con Dios, que es la fuente de la verdadera alegría. La alegría del cristiano no se compra, no se puede comprar: viene de la fe y del encuentro con Jesucristo, razón de nuestra felicidad. Cuanto más estamos enraizados en Cristo, más cerca de Jesús, más encontramos la serenidad interior, incluso en medio de las contradicciones cotidianas. Por eso el cristiano habiéndose encontrado a Jesús no puede ser un profeta de desventuras, sino un testigo, y un heraldo de alegría. Una alegría para compartir con los demás; una alegría contagiosa que hace que el camino de la vida sea menos doloroso.
Y la tercera actitud indicada por Pablo es la acción de gracias continua, es decir, el amor agradecido a Dios. Él es de hecho mucho más generoso con nosotros, y nosotros estamos invitados a reconocer siempre sus beneficios, su amor misericordioso, su paciencia y su bondad, viviendo así en una acción incesante de gracias.
Alegría, oración y gratitud son tres actitudes que nos preparan para vivir la Navidad de una manera auténtica. Alegría, oración, y gratitud. Digamos todos juntos: alegría, oración, y gratitud [la gente repite]. ¡Una vez más! [ellos repiten].En esta última etapa del tiempo de Adviento, nos confiamos a la intercesión materna de la Virgen María. Ella es la “causa de nuestra alegría”, no solo porque trajo a Jesús al mundo, sino porque nos reenvía constantemente a Él.
© Traducción de ZENIT, Raquel Anillo
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Nigeria: La llamada del Papa a la liberación de rehenes

Secuestro de seis Hermanas del Corazón Eucarístico de Cristo

Ángelus Del 17/12/2017, Captura De Vatican Media
Ángelus Del 17/12/2017, Captura De Vatican Media
(ZENIT – 17 dic. 2017).- El papa Francisco ha pedido la liberación de las personas tomadas como rehenes en Nigeria durante el Ángelus que ha celebrado en la Plaza San Pedro el 17 de diciembre de 2017.
Después de la oración mariana, el Papa ha asegurado que se unía “de todo corazón a la llamada de los obispos de Nigeria para la liberación de las seis Hermanas del Corazón Eucarístico de Cristo, secuestradas hace un mes en su convento de Iguoriakhi”.
“He orado con insistencia por ellas y por las demás personas que están en esa situación dolorosa”, ha agregado el Papa: que puedan en Navidad regresar a sus casas”.
Ha invitado a la gente a orar con él un ave María por todos.
© Traduccción de ZENIT, Raquel Anillo
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81 años: el Papa sopla una vela en 4 metros de pizza

“No entristezcáis a los niños” recomienda

Niños del Dispensario De Santa Marta © L´Osservatore Romano
Niños Del Dispensario De Santa Marta © L´Osservatore Romano
(ZENIT – 17 dic. 2017).- En la mañana de sus 81 años, el 17 de diciembre de 2017, el Papa Francisco ha recibido en la sala Pablo VI, a niños asistidos por el Dispensario Pediátrico “Santa Marta”, centro gratuito del Vaticano. Con ellos ha soplado una vela de 4 metros de pizza preparada por los aspirantes a cocineros.
“No entristezcáis a los niños”, ha dicho dirigiéndose a los voluntarios y a los padres: la alegría de los niños es “un tesoro….y debemos hacer todo lo posible para que continúen siendo felices”.
Ha invitado a proteger su alegría, a hacerles hablar con los abuelos y a aprender a entablar un diálogo con Dios.
Esta es nuestra traducción de las palabras improvisadas por el Papa a lo largo de este encuentro.
Saludos del Papa Francisco
¡Buenos días!
La alegría de los niños….La alegría de los niños es un tesoro. Los niños felices….Y debemos hacer todo lo posible para que continúen siendo felices, porque la alegría es como la tierra buena. Un alma gozosa es como una buena  tierra que hace crecer la vida, con buenos frutos. Por eso hacemos esta fiesta: siempre buscamos la cercanía de la Navidad para reunirnos, para hacer esta fiesta para ellos.
Escuchad bien. Lo primero: proteged la alegría de los niños. No entristezcáis a los niños. Cuando los niños ven que hay problemas en el hogar, que los padres discuten, ellos sufren. No entristezcáis a los niños. Deben crecer siempre con alegría. Estás feliz? [“¡Sí!”]. No lo creo: sí o no? [“¡Sí!”] Muy bien. Esto es alegría.
Lo segundo para que los niños crezcan bien es hacer que hablen con sus abuelos. Los dos extremos de la vida. Debido a que los abuelos tienen memoria, tienen raíces y serán los abuelos quienes darán sus raíces a los niños. Por favor, que no sean niños desarraigados, sin memoria de un pueblo, sin memoria de fe, sin memoria de tantas cosas hermosas que la historia ha hecho, sin memoria de valores. ¿Y quién ayudará a los niños a tener eso? Los abuelos. Déjelos hablar con los abuelos, con los mayores. ¿Habláis vosotros con los abuelos? [“¡Sí!”] ¿Seguro? [“¡Sí”!] ¿Para pedir dulces? [“¡No!”] ¿No? Dime…Muy a menudo, los abuelos se han ido, ¿no? Pero hay otras personas mayores que son como los abuelos. Hablad siempre con los mayores. Os hago una pregunta, responded bien: los abuelos, los mayores, ¿son aburridos? [“No….Sí”] …..[“Nos hacen un montón de regalos”] Es interesante esto: ¡nos hacen muchos regalos! No son aburridos, son buenos. Dime….[“Nos quieren mucho”]. Nos quieren mucho. Que aprendan los niños a hablar con los mayores, a hablar con los abuelos.
Y el tercer consejo que os doy: aprended a hablar con Dios. Que aprendan a orar, a decir lo que sienten en su corazón.
Alegría, hablar con los abuelos, con los mayores, y hablar con Dios. ¿De acuerdo? ¿Todos de acuerdo?, también vosotros estáis de acuerdo? Os deseo un hermoso día, con mucha fiesta. Y comed los 4 metros de pizza: comedlos bien, esto os hará bien, esto hace crecer. ¡Y adelante! ¡Gracias, gracias!
Y ahora recemos todos a la Virgen María para que ella nos de la bendición: Dios te salve María…..
[Bendición]
¡Y orad por mí!
© Traducción de ZENIT, Raquel Anillo
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«Soñaba con popularidad, likes y fiestas locas»: Dios la ha cautivado y hoy es clarisa en Salamanca

Leticia explica en una carta que deja atrás piercings, modas y caretas...

Leticia ha tomado a sus 25 años la decisión más importante de su vida, y lo ha hecho con paz y alegría
16 diciembre 2017


El pasado 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción, una joven madrileña decidía dejar su vida para dedicarla completamente a Cristo. Leticia Deza, con 25 años, ingresaba en el monasterio del Sagrado Corazón de Cantalapiedra, en Salamanca. Se convertía así en postulante clarisa. 


En este momento tan importante para ella estuvo acompañada de sus familiares y amigos, y ella no pudo menos que dar gracias a Dios por la historia que le ha llevado hasta el convento pese a las reticencias y negaciones que realizó a Dios en muchas ocasiones. Leticia ha querido dejar por escrito una carta de agradecimiento a Dios, que ofrecemos a continuación:

Esta noche, Señor, yo quiero alabarte.


Hablarte porque sé que estás aquí; y darte las gracias porque siempre lo has estado.

Siempre fui una niña muy alegre que disfrutaba contemplando el mundo, fascinada con las pequeñas cosas. Me diste unas capacidades preciosas. Lo tuve todo, y si no lo tuve, tuve algo mejor: unos padres que siempre se encargaron de que no lo echara de menos; y que suplieron con su amor cualquier ausencia. Tú eras entonces, para mí, un personaje más de fantasía, tan real como los Reyes Magos o el Ratoncito Pérez. «Jesús es muy bueno y te cuida» me decían.

"Empecé a buscarme en mi diversión"

Todo pasó tan deprisa,… el Jesusito de mi vida, la catequesis, la primera comunión; me encantabas y de repente te perdí…. No sé en qué momento me hice demasiado mayor para quererte. O autosuficiente para caminar sin ti. Quizá fue al mismo tiempo que dejé de creer que mis muñecas eran amigas y se iban de viaje juntas, o cuando llené mi habitación de posters de ídolos rubios que cantaban pop. Yo creo, simplemente, que con la adolescencia me volví un poco idiota.


Y entonces las clases ya no eran para estudiar, la familia no era para compartir,… Empecé a buscarme en mi diversión, mi placer, mis opiniones: en mí misma. Y cimenté mi vida en un solo pilar, débil y humano; aparte de adolescente. Yo me bastaba; y pobre del que tratara de meterse en medio.

Me confirmé en el colegio y aún no te conocía. Eras, entonces, una asignatura más. Una optativa que elegía por algún tipo de compromiso moral. Eso sí, con mucha curiosidad…«¿Este chico tan joven qué ha venido a darnos clase de verdad es sacerdote? ¿Y por qué se hace cura y lo deja todo? Si es guapo… ¿Podrá él hacer las mismas cosas que yo?». Gracias a Dios, no.

"Soñaba con popularidad, likes y fiestas locas"

Porque yo, como tantos jóvenes de hoy, soñaba con popularidad y éxito, likes en mis fotos y fiestas locas llenas de amigos. Y me refugié en amores pasajeros, amistades vacías, tratando de ganarme el agrado de todos; sin sospechar siquiera que yo ya era la chica más amada del mundo. Desde el principio de los tiempos.


Ajena a ese amor, mis cimientos cayeron fuertes, llenaron todo de polvo, y sin ver nada mis ganas de vivir se apagaron. ¿Eso era todo? «¿La vida es esta porquería?», pensaba. Y no te veía. No te veía.

Cambié una y otra vez: de look, de carrera, de aficiones, de amigos… Buscaba y buscaba ser feliz, ser yo misma… pero a ti no te veía. Entonces…, por entonces creo que ya no eras nada.


"Nunca me importaste tú"

Yo me consideraba cristiana, y como quien defiende a su equipo de fútbol me ofendía si se metían con los católicos; pero a ti no puedo engañarte. Nunca me ha importado el fútbol, y nunca me importaste tú. Ojalá yo solo te hubiese negado tres veces, como san Pedro, o me hubiera dado cuenta antes y hubiese salido a gritar: ¡el Amor no es amado!, como san Francisco. Pero no lo hice. Nunca me pediste más de lo que podía darte, y yo nunca te di ni siquiera ese poquito.


Por eso hoy quiero darte las gracias. Porque al igual que mis padres me cuidaron siempre a pesar de ver a su hija dando tumbos; Tú, como padre bueno, nunca me dejaste sola, silencioso me cuidabas, y seguro que sonreías viéndome crecer y tropezar, esperando paciente el momento de hacerte oír.

Han pasado un par de años y todavía me cuesta, cuando me preguntan, explicar lo que pasó después.

Sé que eras tú, porque yo no lo elegí. Suelen decir que Tú enamoras suavemente, pero no nos engañemos; a mí me secuestraste. De repente ya no eras Dios, el creador del mundo, que me han dicho que es bueno, del que he estudiado sus mandamientos…. de repente eras Jesús. Mi Jesús. Que tiene un papel en mi vida, un plan solo para mí, que sabe mi nombre. A quien dar los buenos días y sonreír cómplice en esta custodia, con quien compartir mis miedos y que sabe que lo estoy pasando fatal ahora mismo leyendo esto, en medio de la gente.

"No pienso ir a Misa"

Mira que me resistí, aún entonces: «No pienso ir a Misa, ni a la iglesia, eso es de locos». Buscaba mil excusas; pero esta vez ya era tarde… Y te debiste reír mucho de la cara de tonta que se me quedó cuando llegué aquí, por primera vez, justo el domingo del Buen Pastor; y empezaron a hablar de ovejas perdidas que volvían con su verdadero amor. Eras tú. Y era para mí.


Me quitaste los disfraces que me había puesto para vivir en el mundo: los piercings, las caretas y las modas; y me dijiste: «conmigo no te hace falta nada más». Y así fue. Encontré la roca firme que faltaba en mis cimientos.

Si me preguntasen, nunca diría que ha sido un camino fácil desde entonces. Ni negaré que he pensado en salir corriendo muchas veces, irme a Ibiza… Pero para mí, que presumía de vivir y probarlo todo, conocerte ha sido, sin ninguna duda, la más grande y mejor aventura de mi vida.

Así que GRACIAS Señor, por cada día, cada perdón…

Gracias por darme casas por todo el mundo.

Gracias por darme unos amigos que me aman como a sí mismos, o más.

Por la gente con y por la que rezar, y que también reza por mí.

Por darme el mejor director espiritual, un montón de Hermanas…

"Gracias por esta paz"

Y ahora, que las últimas cosas se me acumulan, que me siento por última vez en estos bancos y pronto daré el último abrazo a mis padres; quiero darte las gracias también por esta paz, que me hace caminar tranquila, segura de que este pilar no se va a romper.


Gracias a ti hoy sé que mi vida es un perfume caro. Y no se me ocurre mejor manera de darte las gracias hoy que derramar esa vida a tus pies, y tratar de limpiarlos un poco con mi perfume. Tu inagotable amor vale más que la vida misma.

Así que gracias Jesús. Tú camina, que ahora yo te sigo.


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Un demógrafo analiza el invierno demográfico de España: un problema de valores más que de dinero

Alban D´Entremont habla de la destrucción de la familia y de la «mentalidad moderna»

España envejece mientras mueren más personas que niños nacen. El invierno demográfico ya está aquí
16 diciembre 2017


Esta semana el Instituto Nacional de Estadística publicaba sus estadísticas sobre población de España, país que se acerca al abismo ante un invierno demográfico para el que no se está poniendo ningún tipo de remedio. En el primer semestre del año hubo más de 32.000 muertos que nacimientos. 


España envejece, nacen muy pocos hijos, las mujeres son madres cada vez más tarde y cuando sus años fértiles ya están acabando, la estabilidad matrimonial que propicia un mejor ambiente para la llegada de los niños es escasa. La gente no se casa sino que prefiere cohabitar o huye de las relaciones estables. Las medidas de conciliación no funcionan y los horarios de los trabajos dificultan tener hijos. Estos son motivos de por qué la natalidad se hunde. A lo que habría que añadir la implantada cultura del aborto, con casi 100.000 cada año.

Sin embargo, varios expertos que analizan este "suicidio demográfico", que lo es porque voluntariamente la sociedad se dirige a él, apuntan además a otras razones más profundas que prácticas. Alejandro Macarrón apunta a esto, al igual que lo refleja Alban D'Entremont, profesor de Geografía de Europal, Lugar  Espacio en la Historia, y Población, Recursos y Medio Ambiente en la Universidad de Navarra.

Según esta tesis, los españoles no tienen hijos sobre todo, aunque los factores anteriormente citados influyan también, porque no quieren. Muchas personas no tienen hijos porque prefieren otra vida. Una "nueva mentalidad" que ha calado en Occidente sobre todo ha barrido los valores tradicionales. Es por tanto, esta crisis de valores auspiciada por ideologías emanadas de la revolución sexual la que ha ido conduciendo a esta situación. Este es el análisis que D´Entremont realiza para la revista Hacer Familia:

El invierno demográfico: causas y consecuencias directas

Europa camina hacia la equiparación de las tasas de natalidad y de mortalidad, con el resultante estancamiento del crecimiento natural de la población (crecimiento cero). Además, tiene una proporción de población anciana que pronto superará el 20% del total de la población.

De continuar las tendencias actuales, Europa podría pasar a una fase de regresión demográfica, a un aumento de la mortalidad como consecuencia del envejecimiento de sus estructuras demográficas, a una natalidad más baja aún, y a una pérdida efectiva de población.

Alban D'Entremont es uno de los grandes expertosen demografía en España

Urge recuperar los valores de la persona y de la familia para contrarrestar e invertir estas tendencias negativas y así salvaguardar la cultura occidental.

El desplome de la natalidad europea es una realidad desde hace ya varias décadas, aplicable a la totalidad de los países de nuestro entorno. Hace más de treinta años que no se renuevan las generaciones en muchos Estados de la Unión Europea (2,1 hijos por mujer).

Y, por la dinámica propia de los fenómenos demográficos, con el paso de los años, este déficit se va a hacer cada vez mayor, hasta tal punto que, de continuar así otros treinta años, se podría hacer irreversible el proceso de depauperación demográfica en Europa.

Consecuencias directas del desplome de la natalidad
Son incalculables las implicaciones negativas de todo tipo que se derivan de una situación de esta naturaleza. Las repercusiones desfavorables sobrepasan los límites de las consecuencias demográficas y son fundamentalmente de tipo económico y social. En lo estrictamente demográfico, la tendencia a la baja prolongada de la natalidad provocará el aumento de la mortalidad y un descenso efectivo de la población, es decir, una pérdida neta de millones de habitantes europeos en la primera mitad del presente siglo y un envejecimiento alarmante de la población.

La situación es igualmente precaria en otros países de Occidente, cuyos índices de dependencia (relación entre la población activa y la pasiva) van en aumento por el desequilibrio en sus estructuras demográficas, lo que acarrea repercusiones dramáticas para el conjunto de la sociedad. Estas repercusiones negativas van desde las excesivas cargas para la Seguridad Social respecto de las pensiones y la provisión de servicios sociales, a serios desequilibrios en las estructuras de producción y de consumo, así como a importantes ramificaciones respecto de áreas sociales y económicas que guardan una relación estrecha con la edad, como son, por ejemplo, la educación, la vivienda y la atención sanitaria.

Superpoblación y control de natalidad
Con la quiebra de la fecundidad en Occidente y la fuerte ralentización de la natalidad en el Tercer Mundo, con una media mundial de 2,5 hijos por mujer y con un crecimiento anual de poco más de un 1%, difícilmente podemos hablar hoy de "explosión demográfica" y menos, de "superpoblación". Los que aún mantienen esta postura no se basan en la ciencia, sino en la ideología y en la promoción de intereses creados de todo tipo.

Con arreglo a esto, argumentar que los muchos males y las graves injusticias que aquejan a los países del Tercer Mundo se deben a su alta fecundidad, y buscar supuestas soluciones por vía del control de la natalidad en todas sus facetas -muchas veces de forma violenta, contraria a la voluntad de los ciudadanos de esos pueblos-, encierra una fuerte dosis de ignorancia o de cinismo. Pretender hacernos pensar que el alto nivel de la natalidad sea la causa de la pobreza de los países menos desarrollados, equivale al disparate de decir que el alto grado de envejecimiento es la causa de la riqueza de los países desarrollados.


El desarrollo económico y social, que implica más años de escolarización y de universidad, y la incorporación masiva de las mujeres en la fuerza laboral, por ejemplo, hacen que los matrimonios se atrasen y que el período procreativo sea, de hecho, más corto que en países de menor desarrollo. Pero la quiebra de la fecundidad en Occidente obedece, más que nada, a una profunda transformación en el modo de pensar y de actuar en materia de reproducción humana, acorde con la llamada "mentalidad moderna", que afecta negativamente a la natalidad.

¿Cómo hemos llegado aquí?
Los factores de esta mentalidad son de índole cultural, psicológica y ética: son los nuevos valores de la sociedad que colocan otras aspiraciones por encima y al margen de la formación de familias. La caída de la natalidad está relacionada, además, con la promoción institucional y la generalización, en los países de nuestro entorno cultural, de políticas demográficas y acciones de enfoque antinatalista.

Las causas del hundimiento de la natalidad en los países ricos, entonces, hallan sus raíces sobre todo en cuestiones morales y psicológicas, incluyendo los valores culturales y religiosos. El grave deterioro de estos valores es lo que ha generado la aparición y generalización de contravalores. Esto está íntimamente relacionado con la llamada "revolución sexual", que conlleva la formalización y la aprobación social para las alternativas a las uniones familiares tradicionales.

La posibilidad técnica de llevar a cabo la reproducción humana al margen de la unión física entre un hombre y una mujer -mediante la manipulación genética, la fecundación in vitro y la clonación- introduce, respecto de la sexualidad humana, el matrimonio y la familia, un elemento nuevo y preocupante de desintegración personal y colectivo.

¿Tiene solución el invierno demográfico?
La disfuncionalidad actual de la familia no se resuelve con solo invertir los términos de las evoluciones y situaciones negativas que se constatan en el campo demográfico, mediante la aportación de ayudas oficiales desde el Estado o de servicios a la familia desde la sociedad. Estas aportaciones son necesarias y vehículos imprescindibles para remediar muchos de los males que aquejan a la familia en el momento actual, pero no son suficientes para invertir las tendencias demográficas.

Cualquier inversión de estas tendencias sólo puede provenir de un profundo cambio de actitud ante la realidad de la persona, la sexualidad, el matrimonio, la procreación y la familia y, en definitiva, ante la realidad más profunda de lo que entraña la condición humana en cuanto a su esencia misma y a sus fines últimos. Apoyarse en otras estructuras distintas de la familia tradicional deriva necesariamente hacia las grandes contradicciones y las situaciones atípicas que se constatan en el mundo de hoy.

La erradicación de estas contradicciones y de estas situaciones preocupantes solo puede lograrse mediante la recuperación de los valores que refuerzan a la familia como vínculo esencial para la plena realización del individuo como persona humana y como unidad básica y natural de la sociedad.



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Os pecados da comunicação e o novo site do Vaticano

Olá bom dia,
Hoje puxo um pouco ‘a brasa à minha sardinha’, neste caso da comunicação, para destacar as mensagens que o Papa Francisco deixou para este setor e a apresentação do novo portal de informação do Vaticano.
Numa audiência com diversos órgãos de comunicação católicos, o Papa apontou os “pecados mortais” dos media contemporâneos: a desinformação, a calúnia e a difamação.
Ainda nesta área, já está disponível uma nova ferramenta informativa do Vaticano, que vai centralizar toda a comunicação da Santa Sé.
Ainda está em versão beta mas já dá para satisfazer a curiosidade!


Este domingo é dia de escutar uma mensagem do Papa, com a oração do ângelus mas é também ocasião para ver e ouvir duas propostas da Agência ECCLESIA.
No Programa ECCLESIA, a partir das 6h00 na emissão da rádio Antena 1, trazemos-lhe uma entrevista de vida com o monsenhor Vitor Feytor Pinto; e no Programa 70x7 a partir das 13h00 na RTP2, damos destaque à reportagem na associação ‘O Ninho’, projeto que há 50 anos procura dar alternativas a mulheres em situação de prostituição.
Um bom fim-de-semana na nossa companhia,
José Carlos Patrício

sábado, 16 de dezembro de 2017

Cuidar de todos

Bom dia!
Quase seis meses depois do trágico incêndio com epicentro em Pedrógão Grande, as organizações católicas continuam no terreno dando apoio à população afetada. Cáritas e Misericórdias vão prestando contas de um trabalho que é cada vez mais visível, sobretudo na reconstrução das casas. E a ECCLESIA não deixará de o manter informado.
A Cáritas Diocesana de Coimbra promove hoje um concerto para as comunidades locais, com fins solidários. Neste Natal, D. Virgílio Antunes, bispo diocesano, recordou as vítimas dos incêndios e deixou uma mensagem de esperança num ano marcado pelo sofrimento
Em Lisboa, a Festa de Natal da Comunidade Vida e Paz quer «Dar a Volta» à vida das pessoas sem-abrigo, O Cardeal-patriarca preside à Missa dominical, pelas 12h00, encontrando-se com os convidados e voluntários. No mesmo dia, marca presença no local o chefe de Estado, Marcelo Rebelo de Sousa.
O presidente da República vai hoje a Priscos, para a inauguração daquele que se apresenta como o maior presépio ao vivo da Europa.

Se não leu esta mensagem bem cedo, é provável que já tenha acabado a celebração da Missa do Parto na maior parte das paróquias madeirenses. Por cá, um grupo de católicos do arquipélago promove esta celebração especial na novena de Natal, na Paróquia de Alfragide.
No Vaticano, hoje é dia do Concerto de Natal 2017, que vai decorrer na Sala Paulo VI. A iniciativa vai angariar fundos para projetos educativos, na República Democrática do Congo e na Argentina, destinados a crianças e jovens, e conta com a atuação de artistas como Annie Lennox, Patti Smith e Joaquín Cortés.
Da sexta-feira chegou uma notícia ecológica e ecuménica: várias organizações cristãs unem-se para promover «cultura cívica de responsabilização e cuidado», numa iniciativa inspirada na encíclica 'Laudato Si', do Papa Francisco.
Despeço-me com votos de boas notícias, sempre.
Octávio Carmo

sexta-feira, 15 de dezembro de 2017

Beata María de los Ángeles (Marianna) Fontanella, 16 de diciembre

Primera carmelita descalza italiana en subir a los altares

Beata María de los Ángeles (Marianna) Fontanella (Archivo ZENIT)
Beata María De Los Ángeles (Marianna) Fontanella (Archivo ZENIT)
«Esta carmelita, edificada por la lectura de vidas de santos y conmovida por la imagen de un Crucificado, se sintió llamada a entregar su vida a Cristo. Es un ejemplo de fidelidad y perseverancia en medio de sus noches de espíritu»
Nació en Turín, Italia, el 7 de enero de 1661. Era la última de once hermanos habidos en el matrimonio de los condes Giovanni Donato y María Tana, que estaba emparentada con la madre de san Luís Gonzaga. Fue educada conforme convenía a su origen aristocrático y se convirtió en una joven despierta e inteligente, de trato exquisito. Su gran temperamento y vivacidad discurría parejo al equilibrio y templanza que exhibió en muchos instantes de su vida. Su infancia estuvo caracterizada por una poderosa inclinación hacia lo espiritual; construía altares, y le agradaba escuchar las vidas de santos que le leía una empleada doméstica, costumbre que tuvo un poderoso influjo en su vocación. Su modelo era san Luís Gonzaga. Como hizo santa Teresa de Jesús, huyó de casa con su hermano en busca del martirio. Esta sensibilidad tuvo otro momento de fulgor al descubrir un Crucificado sin brazos en el ático de su hogar, que la dejó profundamente conmocionada. Tanto es así, que conmovida por su visión desterró a su muñeca del dormitorio y convirtió a la imagen en objeto de su ternura. Ante ella suplicaba con lágrimas el perdón de sus pecados. Humanamente, su pasión era la danza, en la que sobresalía con creces.
Poco a poco se iba dando cuenta de que le atrapaban ciertas flaquezas, experimentando vanidad y agrado ante los halagos de los que era objeto. Una visión de Cristo ensangrentado y coronado de espinas, que contempló en el espejo, le hizo aborrecer la vanidad. Otro instante de inflexión en su vida fue la primera comunión que recibió en 1672. Después, inclinada a luchar contra sus tendencias, buscaba en la oración la fuerza precisa para hacerles frente, iniciando un camino de mortificación y penitencia que no abandonaría. Se dedicó a visitar enfermos y a ejercitar obras de caridad. Su director, el párroco padre Malliano, acertadamente la condujo por el sendero de la virtud. En 1673 ingresó en el monasterio cisterciense de Santa María de la Estrella para recibir formación. Permaneció allí año y medio porque su madre, viendo sus muchas cualidades, y dado que el conde había muerto en 1668, no dudó en ponerla al frente de la administración de la casa, y tuvo que dejar la comunidad.
Dos años más tarde la beata sondeó nuevamente el parecer materno porque quería ser religiosa, pero su madre fraguaba su matrimonio. No hubo acuerdo, y comenzó una enconada lucha en defensa de su vocación que se dilató en el tiempo en medio de numerosas vicisitudes y contrariedades. Por fin, convencida su madre de que no podía disuadirla, dio su consentimiento para que ingresara con las cistercienses de Saluzzo. Pero en 1675 o 1676, en el transcurso de un viaje a Turín para ver la Sábana Santa, la joven conoció a un padre carmelita. Tuvieron una conversación tan decisiva que determinó ingresar en el monasterio de carmelitas descalzas de Santa Cristina. De nuevo su madre se opuso a que consagrara su vida en una Orden con regla tan austera, pero el 19 de noviembre de ese año Marianna logró su propósito.
La vida conventual fue extremadamente difícil para ella, como narró en su autobiografía. Las pruebas espirituales que duraron catorce años incluyeron sequedad en la oración, animadversión a sus hermanas, así como a las penitencias y mortificaciones, asechanzas del demonio, una hipersensibilidad a su entorno percibido con un insoportable hedor que le llevaba a rechazar el alimento. Ella, que había gustado de los favores divinos, de repente no encontraba consuelo en la oración y debía caminar en fe porque no vislumbraba a Dios: «¡Me has engañado, Dio mío! Cuando era libre me dabas consuelo y dulzura; y ahora que estoy ligada a Ti no me das más que amargura». Sus súplicas insistentes a Cristo le sumían en una sima más oscura, y la experiencia de aborrecimiento de sí misma llenaba su existencia de angustia y repugnancia por sus muchas ofensas. En ese desierto surgieron las dudas acerca de su vocación, atentados y tentaciones contra la caridad, el abandono del convento y hasta la desesperación, además de incitaciones contra la pureza. Frente a ello, con su oración insistente forjada en la fe, ofrecida con espíritu de reparación y fidelidad en la obediencia, alcanzó la gracia de la perseverancia.
De ese estado interior de luchas que terminaron en 1691 nadie tuvo noticia. Ante los demás su virtud brillaba poderosamente. Austera en su vida, se consideraba la más indigna de todas. «O dadme mortificaciones o hacedme morir», rogaba a Dios. En 1682 los éxtasis ya habían comenzado a ser frecuentes y, en ocasiones, públicos. Era devota de María y de san José, y a él dedicó el Carmelo de Moncalieri que fundó con gran celo apostólico en 1702 aunque no pudo estar presente en su inauguración que se produjo al año siguiente. En 1696 logró que la diócesis de Turín instituyese la festividad del patrocinio del santo Patriarca. Fue una excelente maestra de novicias. Elegida priora cuatro veces, se negó a encarnar la misión una quinta en 1717, fecha ya cercana a su muerte: «Pueden empeñarse en hacerme priora; yo me empeñaré con mi Jesús a ver quien puede más». Murió el 16 de diciembre de ese año. Fue beatificada por el papa Pío IX el 25 de abril de 1865. Fue la primera carmelita descalza italiana en subir a los altares. San Juan Bosco redactó su biografía para este momento.
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