segunda-feira, 23 de abril de 2018

Beata María Gabriela Sagheddu, 23 de abril

Beata María Gabriela Sagheddu
Ofreció su vida por la unidad de los cristianos

«Ofreció su vida por la unidad de los cristianos. Esta religiosa trapense falleció a los 25 años, consumando su afán victimal que, según recordó, no se halla en la consecución de grandes obras, sino en la ofrenda total del propio yo»
Nació en Dorgali, una localidad de la isla italiana de Cerdeña, el 17 de marzo de 1914. Su padre trabajaba en el pastoreo al servicio de otra persona. Fue la quinta de ocho hermanos. Era una joven idealista y activa que no se detenía ante nada cuando estaba convencida de la grandeza de algo. Y aunque en su infancia y adolescencia dio muestras de terquedad, siempre terminaba imponiéndose su bondad. Así reflejaron su carácter quienes la conocieron: «Obedecía refunfuñando, pero era dócil»; «decía que no y, sin embargo, iba inmediatamente». En esta época en la que rondaba los 6 años de vida había perdido a su hermano mayor y a su padre, todo lo cual influía en el hogar. Y puede que, aún siendo tan niña, se reforzaran los rasgos de una personalidad como la suya tendente a la rebeldía y al autoritarismo. Entre sus aficiones destacaba la lectura y el juego de las cartas.
Dio un giro radical a su comportamiento cuando tenía 18 años, tras falleceruna hermana tres años menor. Hay quienes ante una tragedia de esta naturaleza se enfrentan a Dios o pierden su fe. A otros le sirve para reconciliarse con Él. En ninguno de estos dos polos extremos frente al dolor –hay otras respuestas– se hallaba la beata. Su caso, bastante común, era el de quien sigue la vida con una cierta rutina hasta que es golpeado por un hecho dramático. Pero al sufrir esta pérdida se comprometió con la Acción Católica, se hizo catequista y comenzó a acudir a misa recibiendo la comunión diariamente.Consciente de la muralla que suponían sus debilidades para el progreso espiritual, se afanó en corregirlas. En lo que se propuso: estudios, apostolado, oración…, alcanzó altas cotas porque no escatimó esfuerzo, ni sacrificios. Hubo pretendientes que se hubieran casado con ella, pero en dos ocasiones rechazó las propuestas de matrimonio. A los 20 años eligió el cister de Grottaferrata, vía sugerida por su confesor, para entregar su vida a Cristo por completo. Conmovida por la misericordia divina que le había trazado ese camino, exclamaba: «¡qué bueno es el Señor!».La gratitud fue una de las virtudes que la adornaron.
Ingresó en la Trapa en septiembre de 1935. Confiada a la voluntad de Dios, vivía desasida de sí misma, sabiéndose guiada por Él. Condensaba este sentimiento haciendo notar: «ahora actúa Tú». Es lo que brotó de lo más íntimo de su ser cuando le sobrevino la idea de que podría quedar fuera del noviciado. Era servicial, dócil, noble. No le costaba aceptar sus defectos y pedía perdón sin ampararse en justificación alguna. Solía rezar el rosario que llevaba enlazado entre sus dedos en muchos instantes del día. Discreta y abnegada, buscaba el ejercicio de labores ingratas con sumo gozo. A veces le asaltaba un sentimiento de incapacidad, pero la obediencia le ayudaba a progresar en la virtud y a no dejarse llevar por el desánimo. «Estoy en el coro, porque la reverenda madre lo ha querido así. Cantar sé bien poco, mas desafinar, mucho. Por esto habría querido retirarme del oficio, pero la reverenda madre no ha querido, diciendo que poco a poco aprenderé».En un momento dado manifestó:«Ahora he entendido verdaderamenteque la gloria de Dios y el ser víctima  no consiste en hacer grandes cosas sino en el sacrificio total del propio yo».
Deslumbrada por la elección divina de la que había sido objeto, confesaba por carta a sus allegados: «Él, mi Jesús, habría podido elegir tantas otras almas más amantes, más puras, inocentes, más dignas. Pero no, Él ha querido elegirme a mí, si bien yo soy indigna…».«Podéis imaginar mi alegría… Rezad siempre para que sea fiel a mis obligaciones y a mi regla, haciendo siempre la voluntad de Dios, sin ofenderle nunca y así vivir feliz para toda la vida en su casa».Sabía que la obediencia es llave de libertad: «Es una gran gracia vivir en el monasterio, donde todas las acciones, aún las más viles, cuando son por obediencia, aportan un gran mérito».
Poco a poco fue conquistando el anonadamiento sintetizado en esta sencilla y profunda confesión: «Mi vida no vale nada; puedo ofrecerla tranquilamente». En ese tiempo, el abad padre Couturier impulsaba un movimiento ecuménico, y encomendó a la abadesa María Pía Gullini celebrar ocho días de oración por la unidad de los cristianos. Cuando María Gabriela emitió los votos, los ofreció por la misma intención, al igual que hizo el 25 de enero de 1938, tres meses después de haber profesado, justo en la semana dedicada al octavario. Yendo más lejos, ofreció su propia vida: «Siento que el Señor me lo pide–confió a la madre Gullini– me siento impulsada incluso cuando no quiero pensar en ello».La abadesa no se manifestó en ese momento. Le sugirió que hablase con el capellán. Lo que él dijera sería lo que Dios quería para ella. La respuesta del sacerdote fue afirmativa, y Dios tomó la palabra a la beata. Después de haberse entregado en holocausto, repentinamente se sintió débil y agotada, y se le diagnosticó tuberculosis. El director supo por ella la metamorfosis que se operó en su organismo casi instantáneamente: «desde el día de mi ofrecimiento, no he pasado un sólo día sin sufrir. Soy feliz por poder ofrecer algo por amor de Jesús».María Gabriela solo tenía este sentimiento: «la voluntad de Dios, su gloria».
Hospitalizada, le dijo a la madre abadesa: «El Señor me tiene sobre la cruz y yo no tengo más consolación que la de saber que sufro por cumplir la voluntad divina con espíritu de obediencia». Durante quince meses soportó heroicamente sus padecimientos hasta que el 23 de abril de 1939 falleció en Grottaferrata. Tenía 25 años, y había permanecido en la vida monástica tres años y medio. Su oblación llegó a oídos de una comunidad anglicana que manifestó: «Una caridad como la suya destruye todos los perjuicios que muchos anglicanos tienen contra Roma. Si todos sintiesen su caridad, el muro de la separación dejaría de existir». Juan Pablo II la beatificó el 25 de enero de 1983, último día del octavario de oración por la unidad de los cristianos.

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“Que se multipliquen las vocaciones a la vida consagrada y al matrimonio cristiano”

Trujillo, Encuentro Con Clérigos Y Personas Consagradas, Perú @ Vatican Media
Oración del Papa en la 55ª Jornada mundial por las Vocaciones

(ZENIT – 22 abril 2018).- “Pidamos al Señor que envíe muchos buenos obreros para trabajar en su campo, y que aumenten las vocaciones a la vida consagrada y al matrimonio cristiano. Esta es la oración del Papa el 22 de abril de 2018, en la 55 ° Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.
Después de la oración de Regina Coeli, que presidió al mediodía en la Plaza de San Pedro, el Papa saludó a la multitud rodeado por cuatro nuevos sacerdotes, entre los dieciséis que acababa de ordenar en la basílica vaticana. “Gracias a Dios porque continúa suscitando en la Iglesia historias de amor por Jesucristo, en alabanza de su gloria y al servicio de los hermanos”, dijo el Papa a unos 30,000 fieles que aplaudian.
Aquí está nuestra traducción de las palabras que pronunció el Papa en esta ocasión.
Palabras del Papa después del Regina Coeli
Queridos hermanos y hermanas:
Estoy preocupado por lo que está sucediendo estos días en Nicaragua, donde, después de una protesta social, ha habido enfrentamientos que han causado víctimas. Expreso mi cercanía en la oración a este país, y me uno a los obispos para pedir que se ponga fin a toda violencia, evitando el derramamiento de sangre innecesario y que las preguntas abiertas se resuelvan pacíficamente y con el sentido de responsabilidad.
Como dije hace unos momentos, en este cuarto domingo de Pascua, celebramos en toda la Iglesia el día de la oración por las vocaciones. El tema es: “Escucha, discierne, vive la llamada del Señor”. Gracias a Dios porque continúe suscitando en la Iglesia historias de amor por Jesucristo, en alabanza de su gloria y al servicio de los hermanos. Hoy, en particular, demos gracias por los nuevos sacerdotes que acabo de ordenar en la Basílica de San Pedro. Y pídamos al Señor que envíe muchos buenos obreros para trabajar en su campo, y que aumenten las vocaciones a la vida consagrada y al matrimonio cristiano. Como dije, hoy ordené dieciséis sacerdotes. De estos dieciséis, cuatro vinieron aquí para saludaros y daros la bendición conmigo.
Os saludo sinceramente, romanos y peregrinos de Italia y de otros países, especialmente los que vienen de Setúbal, Lisboa, Cracovia y las devotas Hermanas discípulas del Divino Maestro, procedentes de Corea.
Saludo a los peregrinos de Castiglione d’Adda, Torralba, Modica, Cremona y Brescia. El coro parroquial de Ugovizza; jóvenes de la Confirmación de Gazzaniga, Pollenza y Cisano sul Neva.
A todos, les deseo un buen domingo; y, por favor, no osolvides rezar por mí.
Buen apetito y adiós!
© Traducción ZENIT, Raquel Anillo
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Ordenaciones sacerdotales : no dejéis de ser misericordiosos

El Papa Ordena Nuevos Sacerdotes, 22 Abril 2018
« Agradar a Dios y no a vosotros mismos o a los hombres »

(ZENIT – 22 abril 2018).- « Por favor, no os canseis de ser misericordioso. Pensad en vuestros propios pecados, vuestras propias miserias que Jesús perdona. ¡Sed misericordiosos ! » Esta es la exhortación del Papa Francisco a los nuevos sacerdotes que ordenó el 22 de abril de 2018, en la Basílica de San Pedro.
El obispo de Roma confirió el sacramento del orden a 16 diáconos, en este domingo del “Buen Pastor” y 55 ° Día Mundial de la Oración por las Vocaciones. Los nuevos sacerdotes, incluidos 11 para la diócesis de Roma, provienen de varias nacionalidades: Madagascar, Croacia, Vietnam, Birmania, Colombia, San Salvador, Italia.
“Ejerced con alegría y caridad sincera la obra sacerdotal de Cristo, buscando solo agradar a Dios y no a vosotros mismos ni a los hombres, por otros intereses, invitó el Papa: solo al servicio de Dios, por el bien del pueblo santo y fiel de Dios. ”
Aquí está la homilía que pronunció durante la celebración, extraída en gran parte del ritual romano para la ordenación sacerdotal.
AK
Homilía del Papa Francisco
Queridos hermanos,
Estos nuestros hijos han sido llamados al orden sacerdotal. Pensemos cuidadosamente sobre el ministerio al que han sido llamados en la Iglesia. Como bien saben, el Señor Jesús es el único Sumo Sacerdote del Nuevo Testamento, pero en él todo el pueblo de Dios también se estableció como un pueblo sacerdotal. Sin embargo, entre todos sus discípulos, el Señor Jesús quiere elegir a algunos en particular, para que ejerzan públicamente en la Iglesia, en su nombre, la función sacerdotal para todos los hombres, que continúen su misión personal de maestro, sacerdote y pastor
De hecho, así como para esto fue enviado por el Padre, envió por turnos al mundo, primero a los apóstoles y luego a los obispos y sus sucesores, a quienes se les dio como colaboradores a los sacerdotes, quienes, unidos a ellos en el ministerio sacerdotal, son llamados al servicio del Pueblo de Dios.
Después de una cuidadosa reflexión, nuestros hermanos vienen  ahora a recibir la orden sacerdotal, para que al servicio de Cristo, Maestro, Sacerdote, Pastor, cooperen para construir el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia un Pueblo de Dios y el Templo del Espíritu Santo
De hecho, serán  configurados a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, es decir, serán consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento y, como tales, los une en el sacerdocio a su obispo, serán los predicadores de la Iglesia, los pastores del Pueblo de Dios, y ellos presidirán los actos de las celebraciones litúrgicas, especialmente durante la celebración del sacrificio del Señor.
En cuanto a vosotros, queridos hermanos e hijos, que seréis elevados a la orden del sacerdocio, considerad que en el ejercicio del ministerio de la doctrina sagrada, participáis en la misión de Cristo, el único Maestro. Dispensad a todos esta Palabra de Dios que habéis recibido con alegría. Leed y meditad con asiduidad la Palabra de Dios  para creer lo que habéis leído, para enseñar lo que habeis aprendido en la fe, para vivir lo que habeis enseñado.
Que vuestra doctrina sea el alimento del Pueblo de Dios y que el perfume de vuestra vida sea la alegría y el apoyo de los fieles de Cristo. Y que por la palabra y  por el ejemplo, podáis construir la Casa de Dios que es la Iglesia. Continuad la obra santificadora de Cristo. A través de vuestro ministerio, el sacrificio espiritual de los fieles se perfecciona porque está asociado con el sacrificio de Cristo que, a través de vuestras manos, en nombre de toda la Iglesia, se ofrece de manera incruenta en el altar durante la celebración de los Santos Misterios.
Reconoced lo que estáis haciendo. Imitad lo que estáis celebrando para que al participar en el misterio de la muerte y resurrección del Señor traigan la muerte de Cristo a sus miembros y caminen con Él en una nueva vida.
Con el bautismo, unirán nuevos fieles al Pueblo de Dios. Por el sacramento de la penitencia, perdonarás los pecados en el nombre de Cristo y de la Iglesia. Y  cuando un enfermo venga a pediros, por favor, no te canses de ser misericordioso. Piensa en tus propios pecados, tus propias miserias que Jesús perdona. ¡Sed misericordiosos! Con el óleo sagrado, traerás alivio a los enfermos. Al celebrar los santos ritos y elevar la oración de alabanza y súplica en diferentes momentos del día, se convertirá en la voz del Pueblo de Dios y de toda la humanidad.
Conscientes de haber sido escogidos de entre los hombres y constituidos a su favor para ocuparse de las cosas de Dios, ejercitad con alegría y sincera caridad la obra sacerdotal de Cristo, buscando solo agradar a Dios y no a vosotros mismos o a los hombres, o a otros intereses.
Solo al servicio de Dios, por el bien del pueblo santo y fiel de Dios. Finalmente, al participar en la misión de Cristo, Jefe y Pastor, en comunión filial con su obispo, comprometéos a unir a los fieles en una sola familia, para guiarlos a Dios el Padre a través de Cristo en el Espíritu Santo. Y siempre tengas ante ti el ejemplo del Buen Pastor, que no vino para ser servido sino para servir y buscar y salvar lo que se perdió.
Traducción de Zenit, Raquel Anillo

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Regina Coeli: “Él nos acepta tal como somos, incluso con nuestros pecados”

Regina Caeli, 22 Abril 2018
Palabras del Papa antes de la oración mariana (Traducción completa)

(ZENIT – 22 abril 2018).- Jesús “conoce nuestro corazón profundamente: conoce nuestras fuerzas y nuestras debilidades … Pero nos acepta tal como somos, incluso con nuestros pecados”, aseguró el Papa Francisco en el Regina Coeli de este domingo 22 de abril de 2018, domingo del “Buen Pastor”. y 55 ° Día Mundial de Oración por las Vocaciones.
Invitó a la multitud de 30.000 personas en la Plaza de San Pedro, a construir “una, relación personal, de predilección de ternura recíproca” con Cristo: “Esa es la actitud a través de la cual se realiza una relación viva y personal con Jesús dejándose conocer por Él. No encerrarse en uno mismo, abrirse al Señor, para que Él me conozca. ”
Aquí está nuestra traducción de las palabras pronunciadas por el Papa para presentar la oración de Regina Coeli.
AK
Palabras del Papa ante Regina Coeli
Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!
La Liturgia de este cuarto domingo de Pascua continúa con la finalidad de ayudarnos a redescubrir nuestra identidad como discípulos del Señor Resucitado. En los Hechos de los apóstoles Pedro declara abiertamente que la curación del inválido que él ha realizado de la cual habla toda Jerusalén ha sucedido en el nombre de Jesús porque en ningún otro hay salvación (Jn 4, 12). En este hombre curado está cada uno de nosotros- la figura de cada uno de nosotros- nosotros estamos ahí, están nuestras comunidades: cada uno puede curarse de muchas formas de enfermedad espiritual- ambición, pereza, orgullo- Si acepta poner con confianza la propia existencia en las manos del Señor Resucitado.
“Es por el nombre de Jesús el Nazareno … afirma Pedro, que este hombre que está ahí, en frente de ti, ha sido sanado” (v.10). ¿Pero quién es el Cristo que sana? ¿Qué significa ser curado por Él? ¿De qué nos cura? ¿Y con qué actitudes?
Encontramos la respuesta a todas estas preguntas en el Evangelio de hoy, donde Jesús dice: “Yo soy el Buen Pastor, el verdadero pastor, que da su vida por sus ovejas. “(Juan 10,11). ¡Esta auto presentación de Jesús no puede reducirse a una sugerencia emocional, sin ningún efecto concreto! Jesús sana porque Él es el Pastor que da vida. Al dar su vida por nosotros, Jesús dijo a todos: “Tu vida vale tanto para mí, que para salvarla me entrego a mí mismo”. Es el don de su vida lo que lo hace el Buen Pastor por excelencia, es el que redirige, el que nos permite vivir una vida bella y fructífera.
La segunda parte de este episodio evangélico nos dice en qué condiciones Jesús puede levantarnos y hacer que nuestra vida sea alegre y fructífera: “Yo soy el Buen Pastor; Conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen, como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; “(Vv 14-15). Jesús no habla de un conocimiento intelectual, no, sino de una relación personal, de predilección, de ternura recíproca, reflejo de la relación íntima de amor entre Él y el Padre. Esta es la actitud a través de la cual tiene lugar una relación viva y personal con Jesús: ser conocido por él. No encerrarse en uno mismo, sino abrirse al Señor, para que Él me conozca.
Está atento a cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón en profundidad: conoce nuestras fortalezas y debilidades, los proyectos que hemos logrado y las esperanzas que nos han decepcionado. Pero Él nos acepta tal como somos, incluso con nuestros pecados, para sanarnos, para perdonarnos, nos guía con amor, para que podamos cruzar caminos incluso los más inaccesibles sin descarriarnos. Él nos acompaña.
Por nuestra parte, estamos llamados a conocer a Jesús. Esto implica un encuentro con Él, un encuentro que despierta el deseo de seguirlo, abandonando las actitudes auto referenciales para caminar por nuevos caminos, indicados por el mismo Jesús y abiertos en vastos horizontes. Cuando en nuestras comunidades, el deseo de vivir la relación con Jesús, escuchar su voz y seguirlo fielmente se enfría, es inevitable que prevalezcan otras formas de pensar y vivir que no sean coherentes con el Evangelio.
Que María, nuestra Madre, nos ayude a madurar una relación cada vez más fuerte con Jesús. Para abrirnos a Jesús, para que Él entre en nosotros. Una relación más fuerte: Él ha resucitado. Entonces podemos seguirlo por toda su vida. En este Día Mundial de Oración por las Vocaciones, que María interceda para que sean muchos a responder con generosidad y perseverancia al Señor, que llama a dejarlo todo por su Reino.
Traducción de Zenit, Raquel Anillo
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domingo, 22 de abril de 2018

Saúde física e emocional para todos

Antes de aprovar qualquer lei que permita a legalização da eutanásia é necessário investir  em cuidados paliativos e tornar amplo o seu acesso a todos os cidadãos. Esta posição foi reiterada pelos médicos católicos no encontro nacional que, juntou em Lisboa, profissionais de saúde, apostados em refletir sobre os desafios de hoje da profissão.
O debate em torno da Eutanásia está em andamento na sociedade civil e a Universidade Católica Portuguesa organiza um debate na segunda-feira, dia 23, onde legisladores e especialistas médicos debatem a questão. Esta é também uma oportunidade o caso holandês, através do professor Doutor Theo A. Boer. Encontramo-nos por lá?
Flexibilidade laboral, licença sem vencimento para assistência à família e creches de proximidade foram exemplos dados à reportagem da Ecclesia, para que os profissionais de saúde não se esgotem física e emocionalmente, e são também uma forma de combater o erro médico.
Se ainda não teve oportunidade de ler, fique a saber o que disse o Papa Francisco aos jovens cubanos, eles que testemunham agora uma mudança no poder, 60 anos depois da família Castro ter assumido o governo em Cuba.
Neste domingo chega ao fim a Semana de oração pelas vocações e a Ecclesia juntou duas pessoas que estando já a trabalhar decidiram ir à procura da resposta para a sua inquietação vocacional. Conheça os percursos de António Raimundo, que integra o Pré Seminário no Patriarcado de Lisboa, e Carla Correia, que está a ser acompanhada pelas Cooperadoras da Família. É às 6h na antena 1, mas pode sempre ouvir em diferido a partir do portal de informação da agência Ecclesia.
Pelas 13h30 fique a conhecer a vida e a obra de Luiza Andaluz fundadora das Servas de Nossa Senhora de Fátima, cujas virtudes heroicas foram reconhecidas pelo Papa Francisco, abrindo assim o caminho para a beatificação. O jornalista Henrique Matos e o repórter de imagem Tiago Azevedo Mendes contam a história, no 70x7 desta semana,  de cuidado e fé que no dia 25 de abril vai ser celebrada em Fátima.
Mas há mais para descobrir no portal de notícias da Agência Ecclesia.
Continuamos deste lado para lhe dar boas notícias e lhe desejar um excelente domingo!

Beato Francisco de Fabriano, 22 de abril

Beato Francisco Di Fabriano
Sentía especial devoción por la Pasión de Cristo

«Primer fundador de bibliotecas de la orden franciscana. Impulsor de la creación de un convento, bienhechor de los menesterosos. Sentía especial devoción por la Pasión de Cristo que le afligía profundamente arrancando sus lágrimas» 
Nació en Fabriano, Ancona, Italia, en febrero de 1251. Era hijo de Compagno Venimbeni, médico, y deMargarita di Federico. Ésta debió haber prometido mediante voto que si tenía un hijo acudiría a Asís en peregrinación. Y cuando el muchacho tuvo edad de viajar lo llevó consigo. En este recorrido sucedió un hecho significativo para el futuro del pequeño. Tuvieron un encuentro con Angelo Tancredi, uno de los discípulos de san Francisco, quien mirando a los ojos del niño vaticinó: «Tú serás uno de los nuestros». Fue un hecho que el mismo beato narró en su Cronica Fabrianensisredactada en 1319.
Impresionada Margarita por estas palabras, se ocupó de recordar con frecuencia a su hijo que tendría que consagrarse y vincularse a la Orden franciscana, idea con la que creció. Profesionalmente el joven Francisco no quiso seguir los pasos de su padre, y en lugar de cursar medicina eligió la carrera de filosofía. Entre todos los pensadores de la época sintió predilección por san Buenaventura, al que admiraba. En 1267, a los 16 años, ingresó en la Orden de los Hermanos Menores. Mientras hacía el noviciado se le concedió acudir a la Porciúncula donde se hallaba fray León, uno de los primeros seguidores de san Francisco que moriría en 1271. Él, fray Angelo Tancredi y fray Rufino fueron artífices de la Leyenda de los tres compañeros, una de las fuentes capitales para conocer lo que aconteció en torno a la vida del Poverello. Los textos van precedidos de una carta dirigida al ministro general de la Orden, Crescentius de Aesio, fechada en Greccio el 11 de agosto de 1246, que acompaña a las anotaciones tomadas por estos tres discípulos suyos que fueron testigos de sus pasos. Es decir, que ellos no fueron los autores de la obra, pero dieron las claves para conocer la vida de san Francisco.
Una vez que san Buenaventura redactó la Leyenda mayor, reconocida por el capítulo general de París en 1266 (antes había sido aprobada por el capítulo general celebrado en Pisa en 1263), los restantes relatos quedaron fuera de la circulación. Pero indudablemente conocer de primera mano el devenir del fundador, nada menos que a través de fray León, fascinó al beato de Fabriano. Incluso tuvo la fortuna de haber leído los escritos de este fiel seguidor del Seráfico padre, y así lo consignó en la Cronica«He aquí que yo, fray Francisco de Fabriano, hermano menor inútil e indigno, hago constar en este escrito que he leído y he visto autentificado con el sello del señor obispo de Asís el documento de indulgencia de la Porciúncula… y esto me lo testimonió fray León, uno de los compañeros de san Francisco, hombre de vida probada, al que conocí el año que vine [al convento] y fray León narró haber escuchado de labios de san Francisco cómo la obtuvo [la indulgencia] de nuestro señor y papa Honorio III».
En 1268 Fabriano culminaba su noviciado en el convento de porta Cervara, y justo ese año falleció el padre Raniero, que había sido rector de Santa María di Civita y con el que san Francisco se confesó en algunas ocasiones. También a él le vaticinó –pero en este caso lo hizo el mismo Poverello–, que un día sería franciscano, como así sucedió. Francisco de Fabriano impulsó la construcción de un nuevo convento en su localidad natal. Al poder adquirir el terreno por una cantidad razonable, juzgó que era un milagro de su fundador que en uno de sus viajes a la localidad había predicho a María, esposa de Alberico, que un día los frailes se establecerían en el lugar. El beato Francisco fue nombrado superior de este conventoen 1316, y desde 1318 a 1321. En ese periodo, a propósito de la celebración del segundo capítulo provincial, solicitó la generosa ayuda de los ciudadanos para atender a todos los hermanos que participaban en él y que provenían de todas las Marcas, obteniendo su inmediata respuesta. Como buen franciscano no tenía nada propio. El dinero que le legó su padre lo invirtió en construir una valiosa biblioteca en la que custodió importantes manuscritos. De ahí que se le considere el «primer fundador de bibliotecas» de la Orden franciscana.
De su generosidad sabían bien los menesterosos, a los que ayudaba preparándoles la comida y distribuyéndola en la puerta del convento. Vestía una áspera túnica y se infligía duras mortificaciones, apenas descansaba, y lo poco que dormía lo hacía encima de un duro jergón. Pasaba las horas prácticamente en oración, meditando en los misterios de la Pasión de Cristo, por los que sentía especial devoción; le arrancaban amargas lágrimas. Una gran parte de su tiempo transcurría en el confesionario y en la predicación, pero también atendía a los enfermos y les ayudaba a prepararse para un bien morir.
Fue particularmente devoto de las almas del Purgatorio, por las que oraba y ofrecía sus penitencias. Al respecto se cuenta que, en una ocasión, mientras oficiaba la misa por ellas, como solía hacer con frecuencia, aunque la iglesia estaba casi vacía se escucharon muchas voces que alegremente respondían «Amén» a las oraciones de la antigua liturgia de la misa de difuntos; se cree que provenían de ellas. En todo caso, cuando celebraba la misa siempre se podía apreciar el recogimiento y fervor que acompañaba al beato. Llevaba cuarenta y cinco años en la vida religiosa admirablemente sellados por su virtud cuando le fue vaticinado el día de su deceso, hecho que se produjo el 22 de abril de 1322. Pío VI aprobó su culto el 1 de abril de 1775.
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Peregrinação Nacional de Jovens a Fátima





Asha, cristiana dalit del norte de India: «Vivimos en este rincón del mundo olvidados por todos»

Casi el 100% de los cristianos de Bihar son intocables, la Iglesia vela por su dignidad y derechos


20 abril 2018


Asha prepara la comida para ella y su familia en el patio de su casa, sentada en el suelo. Conseguir el alimento no es tarea fácil: Asha debe trabajar en el campo donde apenas gana 50 rupias al día. Con esta cantidad no puede cubrir todas las necesidades de su casa, y esto le lleva a prescindir de aquello que debería ser indispensable: “¿Debería comprar sal y arroz para mi familia? ¿O debería llevar a mis hijos a la escuela?"

Asha, cristiana dalit de India

Como toda madre, Asha quiere lo mejor para sus hijos, un niño y tres niñas. Debido a la situación de pobreza de su familia, nunca ha tenido opción a ir a la escuela. Además de esto, la realidad de la mujer india es la preparación prematura al matrimonio: Asha se casó con 15 años y, junto a su marido, formaron una familia en un pequeño pueblo del noreste de la India.

En el estado de Bihar casi la totalidad de los dalits, considerados como intocables y el grupo más bajo del sistema de castas hindú, son cristianosExpuestos a una marginación diaria, estas personas se dedican a realizar trabajos indignos, solo por el hecho de estar catalogados como un colectivo sin dignidad ni derechos.

Otro de los problemas de Asha es el mal estado y el deterioro progresivo de su hogar: “Mi casa se está cayendo, no puedo repararla. No hay espacio suficiente”.

De igual manera, el clima extremo de la India, con mucho calor y humedad en verano, dificulta la rutina: “Cuando está lloviendo no puedo cocinar. El techo tiene goteras por eso los niños se van a la cama hambrientos”.

Asha, con su marido y sus tres hijos

“Le pido a María que proteja a mis hijos y les aleje de todo mal”
Con todo, Asha confiesa que su vida no es nada fácil: “Tengo que luchar mucho”. Tanto ella como sus hijos acuden a misa todos los domingos, donde encuentran en Jesucristo y en la Virgen María el consuelo y las fuerzas para salir adelante: “En casa rezo a la Virgen María. Le pido a María que proteja a mis hijos y les aleje de todo mal. Nuestra madre es mi madre y ella me muestra el camino”.

Con la mirada puesta en Dios, Asha busca una nueva oportunidad para toda su familia, en especial para sus hijos: “Para mí es duro trabajar en el campo y desearía que mis hijos no tuvieran la misma vida, que después de sus estudios, ellos puedan ser alguien en la vida”.

El mensaje de Jesús les dota de la dignidad
La fe de la minoría cristiana de la India del noreste ha sido y es una auténtica revolución. El sistema de castas hindú les condena a un status indigno, producto de sus malas acciones en una vida anterior, como consecuencia de la concepción hinduista del Karma y la reencarnación. El mensaje de Jesús les dota de la dignidad que el sistema hinduista les ha arrebatado, les habla de igualdad, de respeto y ayuda al prójimo, de ayuda al que sufre.

Olvidados por todos, los cristianos dalits de la India han encontrado la esperanza en la Iglesia. La Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada acude a la llamada de los cristianos pobres de la India con su nueva campaña, destinada a los proyectos que la Iglesia tiene en el Estado de Bihar, destinados a la formación de seminaristas, construcción de iglesias y capillas, coordinación de las misiones, y sostenimiento de la fe entre los más necesitados.

Como una “luz que dignifica a los más pobres”, la campaña de Ayuda a la Iglesia Necesitada lucha por la defensa de la minoría cristiana del noreste de la India, amenazada por la ley anticonversión, que prohíbe cambiar la religión hindú por otra diferente. La defensa de una identidad nacional unitaria e hinduista ha provocado que los cristianos sean considerados como una amenaza en el país.


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La pequeña monja de 98 años que reza con hombretones de la NCAA y gana partidos de baloncesto

Los fans la adoran y ayuda al entrenador

La hermana Jean rezando con el equipo antes de empezar un partido
19 abril 2018


¡Compre ahora su camiseta de la hermana Jean! Y no solo camisetas, sino figuras cabezonas, calcetines personalizados y zapatillas de deporte. La hermana Jean Dolores Schmidt se ha convertido en la monja de moda en la liga universitaria nacional de EEUU. Ella, a sus 98 años, es capellana en el equipo masculino de baloncesto de la universidad de Loyola en Chicago.

Desde que el equipo se clasificó para los cuartos de final de la liga universitaria nacional, esta monja ha ganado una gran notoriedad por el aprecio que le tienen los jugadores y toda la universidad. Acude a los partidos siempre que puede y apoya espiritualmente al equipo.


Productos marca "Jean"
Jean ha “alucinado” con toda la notoriedad que ha adquirido últimamente, según ha contado a GlobalSisterReport. “Ha sido una experiencia muy divertida”, ha dicho. “Me he tomado toda esta atención como parte de mi ministerio, de mi servicio al equipo”.

La hermana Jean llegó al equipo tras dejar su trabajo de profesora en otra universidad. El presidente de la universidad de Loyola le pidió que ayudara al equipo de baloncesto con sus notas. “No era que suspendiesen”, ha contado Jean. “Pero aprobaban por los pelos”. Más tarde, la monja se convirtió en capellana del equipo. “Ha sido genial ver a estos jóvenes desarrollarse en lo académico y en lo espiritual”, ha apuntado Jean.


Inculcando la humildad
Como capellana, Jean mantiene viva la chispa espiritual del equipo. “Hablamos de Dios, hablamos de Jesús, de la Virgen María… Y también del Espíritu Santo, del que nos olvidamos a veces”, explica Jean. “Lo que intento es que sean humildes".

Normalmente, Jean acompaña a los jugadores en sus oraciones, pero cuando no puede, les insta a rezar por su cuenta. “Les envío emails recordándoselo, no utilizo el móvil”, explica. Sin embargo, la labor de Jean no es solo espiritual, sino también deportiva. “Me encargo de informar cómo es el otro equipo: puntuaciones en los últimos partidos, qué han hecho, la cantidad de rebotes que cogen… Recopilo datos estadísticos”, comenta Jean.

Su presencia en los partidos se hace notar. “A veces los árbitros me piden que rece con ellos antes de salir al campo”, ha contado Jean. “Cuando empieza el partido, pido para que Dios ayude a ambos equipos, pero pido también para que el que aparezca en pantalla como vencedor sea el Loyola”.



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sexta-feira, 20 de abril de 2018

San Conrado (Juan Evangelista) Birndorfer de Parzham, 21 de abril

San Conrado (Juan Evangelista) Birndorfer De Parzham
Ejemplo de caridad y piedad en la vida ordinaria

«El santo portero de Altötting. Ejemplo de caridad y piedad en la vida ordinaria de un capuchino que desde niño aborrecía el pecado y que alcanzó la gloria ejercitando su humilde misión durante más de cuarenta años»
El testimonio de vida de este humilde capuchino nuevamente pone de relieve que la santidad se alcanza en cualquier misión por sencilla que sea. El dintel del convento y la campanilla que avisaba de la presencia de alguien era el escenario cotidiano de Conrado. Ante todo recién llegado al claustro de la ciudad bávara de Altötting con su cálida sonrisa y sencillez dibujaba seductoras expectativas aventurando las bendiciones que podían derramarse sobre ellos en el religioso recinto. Para un santo las contrariedades son vehículos de insólita potencia que le conducen a la unión con la Santísima Trinidad. Él sobrenaturalizó lo ordinario en circunstancias hostiles. Y conquistó la santidad. No hicieron falta levitaciones, milagros, ni hechos extraordinarios, sino el escrupuloso cumplimiento diario de su labor realizada por amor a Cristo. En la portería que tuvo a su cargo durante más de cuatro décadas no olvidó que franqueaba el acceso a su divino Hermano, especialmente cuando los pobres llegaban a él y les atendía con ejemplar caridad. Con virtudes como la amabilidad, caridad y paciencia, fruto de su recogimiento, forjaba su eterna corona en el cielo, aunque ni sus propios hermanos de comunidad podían sospecharlo.
Nació en Venushof, Parzham, Alemania, el 22 de diciembre de 1818 en el seno de una acomodada familia de labradores que tuvieron diez hijos, de los cuales fue el penúltimo. Estos generosos progenitores, con sus prácticas piadosas diarias realizadas en familia, le enseñaron a amar a Cristo, a María y a conocer la Biblia. No era extraño que con ese caldo de cultivo siendo niño le agradase tanto orar y sentirse feliz al hablar de Dios. Su madre advertía en el pequeño una chispa especial cuando narraban las historias sagradas, y le preguntaba: «Juan, ¿quieres amar a Dios?». La respuesta no se hacía esperar: «Mamá, enséñeme usted cómo debo amarle con todas mis fuerzas». Creció aborreciendo las blasfemias y el pecado. Poco a poco se vislumbraba su amor por la oración. A esta edad fue manifiesta su inclinación por el espíritu franciscano. A los 14 años perdió a sus padres y se convirtió en punto de referencia para sus hermanos. Todos siguieron ejercitando las prácticas que ellos les enseñaron. Juan, en particular, aprovechaba la noche para rezar y realizar penitencias que muchas veces solían durar hasta el alba.
En 1837 inició su formación con los benedictinos de Metten, Deggendorf. Pero se ve que lo suyo no era el estudio. En una visita que efectuó al santuario de Altötting tuvo la impresión de que María le invitaba a quedarse allí. Sin embargo, en 1841 se vinculó a la Orden Tercera de Penitencia (Orden franciscana seglar). Dios le puso otras cotas que no supo interpretar y las expuso a un confesor después de haber orado ante la Virgen de Altötting. El sacerdote le dijo: «Dios te quiere capuchino». Repartió sus cuantiosos bienes entre los pobres y la parroquia para ingresar en el convento de Laufen en 1851. Tenía 33 años. Allí tomo el nombre de Conrado.
Su noviciado estuvo plagado de pruebas y públicas humillaciones que, pese a ser de indudable dureza, aún le parecían nimias para lo que juzgaba merecía: «¿Qué pensabas? –se decía–, ¿creías que ibas a recibir caricias como los niños?». En esos días escribió esta nota: «Adquiriré la costumbre de estar siempre en la presencia de Dios. Observaré riguroso silencio en cuanto me sea posible. Así me preservaré de muchos defectos, para entretenerme mejor en coloquios con mi Dios». Tras la profesión fue destinado a la portería del convento de Santa Ana de Altötting, noticia que le llenó de alegría. Era un lugar donde la afluencia de peregrinos exigía la atención de una persona exquisita como él. En aquel pequeño reducto se santificó durante cuarenta y tres años, viviendo el recogimiento en medio de la algarabía creada por el constante ajetreo de los peregrinos. «Estoy siempre feliz y contento en Dios. Acojo con gratitud todo lo que viene del amado Padre celestial, bien sean penas o alegrías. Él conoce muy bien lo que es mejor para nosotros […]. Me esfuerzo en amarlo mucho. ¡Ah!, este es muy frecuentemente mi único desasosiego, que yo lo ame tan poco. Sí, quisiera ser precisamente un serafín de amor, quisiera invitar a todas las criaturas a que me ayuden a amar a mi Dios».
Un día advirtió una celdilla casi oculta debajo de la escalera. Tenía una pequeña ventana que daba a la Iglesia. Y su corazón palpitó de gozo: ¡desde allí podía ver el Sagrario! Era un lugar oscuro y reducido. A fuerza de insistencia consiguió que le dejaran habitarla y en esa morada siguió cultivando su amor a Cristo crucificado y a María. Ayudaba a la sacristía y en las primeras misas oficiadas en el santuario. Sus superiores le autorizaron a comulgar diariamente, algo excepcional en esa época. Nadie le oyó quejarse ni lamentarse. Trataba con auténtica caridad a todos, especialmente a las personas que intentaban incomodarle y socavar su admirable y heroica paciencia. Nunca perdió la mansedumbre. «La Cruz es mi libro, una mirada a ella me enseña cómo debo actuar en cada circunstancia». Fue un gran apóstol en la portería, el hombre del silencio evangélico: «Esforcémonos mucho en llevar una vida verdaderamente íntima y escondida en Dios, porque es algo muy hermoso detenerse con el buen Dios: si nosotros estamos verdaderamente recogidos, nada nos será obstáculo, incluso en medio de las ocupaciones que nuestra vocación conlleva; y amaremos mucho el silencio porque un alma que habla mucho no llegará jamás a una vida verdaderamente interior».
Logró convertir a personas de baja calaña, hombres y mujeres, que después se entregaron a Dios en la vida religiosa. En sus apuntes espirituales se lee: «Mi vida consiste en amar y padecer […]. El amor no conoce límites». Sintiéndose morir, tocó la puerta del padre guardián diciéndole: «Padre, ya no puedo más». Tres días más tarde, el 21 de abril de 1894, falleció. Pío XI lo beatificó el 15 de junio de 1930, y lo canonizó el 20 de mayo de 1934.
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A vueltas con el transhumanismo

Transhumanismo
Observatorio de Bioética – Universidad Católica de Valencia

La idea de «emancipación», que cancela toda confianza en lo establecido por la tradición, las costumbres y la propia naturaleza, apela a la subversión contra «lo dado». El epílogo de este impulso emancipador es, sin duda, el transhumanismo, cuyo objetivo radica en la superación de las limitaciones humanas «mediante el desarrollo de una tecnología que mejore las capacidades humanas, tanto a nivel físico como psicológico o intelectual[i]».
Este objetivo, sin embargo, deviene distópico cuando el futuro que evoca empeora el presente que descarta, recayendo en una suerte de totalitarismo que privilegia a los emancipadores y margina a quienes, en atención a sus convicciones y al propio sentido común, se resisten a abandonar la comprensión teleológica de «lo natural»; cuando somete tiránicamente a sus imposiciones colectivas a quienes, por razones económicas, sociales o culturales, han avanzado menos en la senda del progreso tecnológico[ii].
Amparándose en las tesis ilustradas de los últimos siglos, la emancipación transhumanista se ha identificado con la idea de una libertad que se vertebra sobre los siguientes ejes: a) el abandono progresivo de la dependencia de «lo natural»; b) la racionalización de la vida orgánica en torno al conocimiento científico[iii]; y c) el mito de un progreso indefinido, cuyo timón debería transitar desde la imprecisa evolución y la impredecible providencia, hasta la fiable tecnología y la firme determinación de una voluntad humana que aspira a superar su vulnerabilidad.
Cabe preguntarse, sin embargo, si la radical emancipación del ser humano frente a su naturaleza constituye un verdadero progreso o representa, por el contrario, la regresión a nuestro primitivo estado de naturaleza. Un estado en el que la praxis se ordenaba al sometimiento de la naturaleza y al imperativo de la conservación.
Porque, en efecto, algunos progresos se explican por los cambios acaecidos en un ámbito que se define por la indicación de un fin, en relación con el cual dichos cambios se interpretan como mejoras. Se trata, por ejemplo, de los progresos que se producen en la construcción de un artefacto. Ciertamente, ninguna mejora se entendería como tal si el artefacto no llegara nunca a terminarse. Pero también hay progresos que no aspiran al logro de un estado final, sino que sirven a un fin último que existe previamente[iv]. Se trata de los progresos que acaecen en la vida de los seres personales, cuyo telos existe de antemano.
La cuestión de emancipación
No es baladí, por tanto, que nos preguntemos por el sujeto al que se refiere la emancipación transhumanista ¿quién es aquel que se emancipa? ¿Se trata de un sujeto de libertad abstracto, esto es, del colectivo que engloba a la totalidad de las personas? ¿O de un cogito puro, de un haz de sensaciones que aspira a emanciparse de todas las condiciones naturales no elegidas por él? ¿O, sencillamente, se trata de «alguien» que constituye un fin en sí mismo y cuyo despliegue en el espacio de su esencia no es independiente de sus condiciones naturales ni de las normas morales que se siguen del hecho de ser, amén de un ser natural, también una persona?[v] .
Si se tratara de un «sujeto de libertad abstracto», el emancipado sería eso a lo que llamamos: «La humanidad». Pero, como es fácil observar, ésta no es un grupo, ni una institución, ni sujeto alguno de un querer común al que se le puedan atribuir progresos o retrocesos, emancipación o servidumbre. Suele ocurrir, además, que en los progresos atribuidos a los sujetos colectivos aparece siempre un momento de relatividad, pues un grupo mejora siempre en comparación con otros grupos o incluso a su costa[vi]. La humanidad, en definitiva, se concreta en las personas particulares.
Si el sujeto emancipado fuera un «haz de sensaciones», esto es, un cogito puro, la emancipación consistiría en la liberación de las ataduras físicas que le engendran dolor. Y bien podría concretarse en el uso de las técnicas desarrolladas por las neurociencias y la nanorobótica, insertando sus recuerdos y experiencias en organismos artificiales inmunes al dolor (cyborgs); o en la manipulación de sus disposiciones biológicas mediante la ingeniería genética o el uso de drogas estimulantes y alucinógenas[vii], cuya administración debería confiarse a entidades externas al individuo, humanas o artificiales, al objeto de controlar la adicción y evitar la sobredosis. Esto, evidentemente, anularía el principio de autonomía que sustenta la propia idea de emancipación.
En cualquier caso, cuando lo natural se presenta como aquello de lo que hay que emanciparse, tiene sentido que sea «lo artificial» quien lleve a cabo la transformación de lo natural en artefactual. Y una emancipación conducente a la transformación del ser humano en biorrobot -o en un drogodependiente controlado por un algoritmo-  cancelaría todo vínculo con la esencia del hombre e implicaría el socavamiento de la ética de la especie humana, que tiene su fundamento –como sugiere Jürgen Habermas –en la autonomía moral del hombre y en su «no-dependencia» de decisiones unilaterales externas[viii]
Mito del progreso y transhumanismo
Como hemos señalado, la idea de progreso, referida al hombre, se corresponde con la maduración de un individuo que es ya, en sí mismo y por sí mismo, un fin dado de antemano. De «alguien» -y no «algo» que se mantiene substancialmente idéntico en sus movimientos accidentales. Resulta impropio, por tanto, equiparar la emancipación transhumanista con el progreso cuando, bajo la tutela de lo artefactual, aspira a dejar atrás al propio ser humano. No sólo porque el concepto «progreso», referido al ser humano, se convierte en una afirmación vacía cuando no son los hombres quienes progresan, sino porque los factores cuya mejora o retroceso contribuyen al despliegue de las potencialidades humanas, exceden al periclitar de su vulnerabilidad biológica y tienen que ver, en su lugar, con la conquista de la libertad y con el logro de su vida. La emancipación que propone el transhumanismo no es sino un instrumento de autoalienación, una peligrosa superstición que abre un abismo con el pensamiento universal que se ha caracterizado, desde los comienzos de su existencia, por el reconocimiento de la dignidad del hombre, de todos-y-cada-uno de los hombres.
Pero si el epílogo del impulso emancipador moderno es el transhumanismo –cuyas consecuencias radicales todavía están por venir- su prólogo hay que buscarlo en la llamada «perspectiva de género»[ix], cuya génesis resulta del largo proceso de «desteologización» de la naturaleza que, probablemente, se inició con la escolástica medieval y su exégesis del argumento tomista que interpretaba el hallazgo de estructuras finales en las cosas del mundo como una prueba racional de la existencia de Dios. El nominalismo, en efecto, abrió una nueva perspectiva en la comprensión de la naturaleza que, a la postre, resultaría determinante para la fundamentación del postfeminismo de género: si la flecha no alberga intención alguna es, sencillamente, porque la finalidad existe sólo en el obrar consciente, esto es: en el arquero. La flecha no muestra el rostro del arquero, sino sólo las leyes mecánicas de las que éste se sirve. Por analogía, tampoco la naturaleza muestra otra cosa que leyes mecánicas que rigen a unos seres naturales que actúan sin conocer su fin, esto es: que se comportan como máquinas[x]. Es así como, desde el siglo XVI, la naturaleza devino un reino sin trascendencia, exterioridad que no es por sí misma[xi]. Y también como, la consideración independiente de naturaleza y conciencia, tornó a ambas contradictorias e inconmensurables, haciendo impensable la idea de persona[xii].
La ciencia moderna sucumbió, también, al veredicto cartesiano que escinde el concepto de vida humana en cuerpo y conciencia, abriendo así la puerta que condujo a la destrucción del concepto de persona y de la idea de una teleología natural[xiii]. Esta escisión tuvo su primera formulación formal con John Locke[xiv], para quien la identidad de la conciencia no descansa en la identidad de su poseedor, sino que sucede al revés: la propia «persona» es conciencia de la identidad[xv]. También Hume, tras preguntarse por cuánto tiempo se mantiene idéntico a sí mismo un ente cualquiera, desdeñó la idea de una «identidad» personal[xvi]. Finalmente, Derek Parfit[xvii], sobre la base de dos supuestos imaginarios[xviii], concluyó que sólo existen los estados de conciencia y los recuerdos que de ellos quedan. Cada hombre sería nuevo al despertar a la conciencia tras el sueño y los recuerdos que guarda del pasado, sólo sería la «herencia» de un hombre anterior. De este modo, el concepto de «persona» se convirtió, utilizando la terminología nietzschiana, en una «metáfora gastada», en una moneda que ha perdido su troquelado. Bastaría con crear nuevos nombres, valores y verosimilitudes, para crear, a largo plazo, nuevas realidades[xix].
La teoría de género como antesala del transhumanismo
Ésta es, precisamente, la orientación que la perspectiva de género ha querido dar al radical epistemológico de su teoría «performativa»: el término queer. Sobre la base del deconstruccionismo post-estructuralista,  queer expresaría que la configuración de la identidad sexual se abandona a la continua y libre determinación del individuo en el transcurso de su vida[xx]. La clasificación de los individuos en categorías universales como “hombre” o “mujer”, “heterosexual” y “homosexual”, ocultaría muchas variaciones culturales, ninguna de las cuales es más “natural” que las otras. De hecho, lo natural no existiría. Y si lo hiciera, carecería de valor normativo. De este modo, la perspectiva de género ha convertido las categorías de sexo y género en irrelevantes para la determinación de una identidad sexual susceptible de ser deconstruida y reconstruida permanentemente. La perspectiva de género, en definitiva, se erige como un nuevo paradigma antropológico que postula la emancipación del “yo” frente a toda determinación natural, biológica o cultural.
La implementación de esta perspectiva en el ámbito educativo, a instancias de las autoridades políticas regionales, nacionales y transnacionales, tiene el potencial de configurar la conciencia moral de las generaciones venideras, abriéndolas a la aceptación acrítica de la distopía emancipadora transhumanista. De ahí que, desde el Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia y el Instituto de Ciencias de la Vida, alertemos sobre la urgencia de divulgar los saberes aportados por la Ciencia Médica, la Filosofía, la Teología y el propio Derecho Natural, al objeto de proteger a nuestros hijos frente a la imposición de una ideología que aboga por la desnaturalización de la especie humana. O lo que es lo mismo, al objeto de preservar la dignidad de aquel cuya belleza deja en sombra los tesoros de la tierra: el ser humano.
Enrique Burguete
Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir
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